Escuchar las conversaciones telefónicas de mi vecina es tremendamente divertido. Y no, no tengo instalado en casa un SITEL de esos tan polémicos ahora en la política basura que tenemos en este país. Y no, no es que me ponga un yogur dado la vuelta o un vaso en el tabique para escuchar. No hace falta. Grita tanto que basta con que baje el volumen de mi tele para escuchar su vida de telenovela. ¿Quien quiere ver Física o Química teniéndola a ella de vecina?

Ya os conté hace tiempo que había dejado a su novio, un tal Juan. Pues la chica no ha perdido el tiempo y ya tiene un nuevo amor, y le pone las pilas pero bien. El otro día le gritaba por teléfono: “Yo no soy una mujer de la calle, ¡No soy una puta!”. La pobre no debe saber que abajo tenemos putitas chinas, porque sino sabría que lo de ser puta no es propiedad de las mujeres de la calle. Pero lo más grande se lo dijo ayer, que, gritando bien alto, dijo: “¡¡¡Yo soy obrera, no coqueta, soy una mujer serrana. Me dijeron muchas cosas de ti, y yo no las creía, pero ahora las voy a pasar!!!”. La chica tienen unos ovarios tremendos. Divina.

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Hace mucho que no os hablo del gimnasio, ese hospital de enfermos de elefantosis tan especial y que, por cierto, cumple cinco años y celebran una fiesta a la que no podré ir porque tengo un destino mejor (que ya os contaré…). Bueno pues en el gimnasio, además de elefantosis, pesas, máquinas para correr, espejos y monitores estúpidos, hay sauna. Y en una sauna de un gimnasio lleno de chulazos con trompa y maris, pues pueden pasar muchas cosas.

El otro día le contaba a un fiel lector de este blog, Interzona, que algunos miembros, y digo miembros, del gimnasio deben odiarme porque suelo cortarles el rollo en la sauna. Yo llego, me siento en plan buda (o eso dice el modisto de las travestis, que comparte sauna conmigo y dice que parece que voy a hacer yoga) y ahí me quedo, en el rincón sudando como una cerda. Pues hay veces que hay más personas, y se miran, remiran, se tocan, retocan, algunas cosas crecen… pero si hay alguien en plan buda en un rincón que no responde a los estímulos, pues no pueden terminar la faena y acaban marchándose. ¿Corta-rollos? Quizás… pero bueno, que hay otras saunas para eso señores…

Pues a lo que iba, y lo que da título a este post, es que hay un señor mayor muy arrugadito que siempre se mete en esa sauna con oscuras intenciones. Creo que le tenemos todos calado, porque hay veces que ni siquiere hace gimnasia (uy, esto de “gimnasia” suena tanto a Jane Fonda…), sólo va a la sauna. Es un poco triste ver como un ancianito se la intenta menear en la sauna para intentar seducirte. Por cosas así es por las que yo digo que, cuando sea viejo, quiero ser asexual… Total, que el otro día, salía yo del gimnasio, andé unos 200 metros, crucé la carretera, doblé la esquina… y ¡ZAS! El viejito meneón con su mujer de la mano. Él me miró con cara de sapo, y yo, cuando él, y ella, ya me habían sobrepasado, me sonreí con cara de malvado pícaro. Conclusión de la historia: El viejecito va al gimnasio a intentar ponerle los cuernos a su mujer con los hombretones de allí. Y fíjate que me ha dado lástima, por él y por ella. Por él porque si es gay y ha vivido toda la vida una realidad que no es la suya, pues es una pena. Y por ella, obvio, porque debe andar haciendo surcos por los techos de su casa. Y yo me pregunto, mujeres que me léeis, ¿es mas duro que tu novio/marido te ponga los cuernos con otra mujer o con un hombre? Yo es que no sé qué me molestaría más, si que mi marida se acostara con otro hombre o que le tocara el chochete a una mujer (y lo que viene después…).

Ala, os dejo con el debate, que yo me voy a hacer una paellita de sábado mientras escucho la bachata de mi vecina la sorda.

Besos mil.

Jose Antoral. 2009

Chicuelos, la vida sigue, el show debe continuar y un buen helado ayuda a quitar penas. Hasta hace poco podríamos decir que el barrio carecía de heladerías. Tan sólo recuerdo una, la Piazzeta, que no era nada recomendable porque eran bordes, estúpidos, maricas malas y encima para enterarte que había helados debías leer un minúsculo cartel hecho con power point en la puerta. Pero la cosa ha cambiado porque a falta de una, tenemos dos heladerías en la misma Plaza de Chueca.

A un lado, en una esquina, justo enfrente del truco, una heladería con toldos azules. No sé el nombre, porque lo he mirado y he querido probar, pero lo que he visto me ha desmoralizado, y no sólo he salido corriendo sino que he decidido olvidar que allí hay una heladería. Porque resulta que una de las ventanas del local tiene un gran poyete que permite a sus trabajadoras sentarse… o tumbarse. La escena de hoy era dantesca: una empleada descalza, sentada en el poyete, con la cabeza cabizbaja (me atrevería a decir que estaba echando un sueñecito), con las piernas estiradas y al lado de sus pies un plato con cáscaras de lo que debe haber sido su merienda. Ordinario total e innecesario, porque la imágen que yo me llevo de ese sitio no es nada buena. ¡Un poquito de imágen hombre!

De modo que hemos ido al otro lado de la plaza. Donde antes había una tienda Todo a 100 de lo más cutre, ahora hay una heladería maravillosa que se llama “Labonata”. Y es maravillosa porque es preciosa, porque los helados están divinos, porque encontraréis sabores desconocidos e innovadores (Piña+naranja, por ejemplo), porque el chico que atiende (un cubano con unos ojos de infarto) es encantador, y porque te ponen los helados en unas tarrinas transparentes que dan ganas de coleccionar. Además tienen unas tarjetitas que por cada 2 euros de gasto te ponen un sellito, y cuando tienes 10 sellos heladito o batidito gratis. Como os interesará la pela, 1 bola de helado en tarrina bien llena cuesta 1.80€.

¿Recordáis que tengo una vecina loca que me manda callar si hablo a las 12 de la noche (¡Hablar!) o si pongo la tele a las 12 de la mañana de un sabado? Pues ayer, cuando bajamos a dar una vueltecita, nos vió, nos miró, nos dio dos besos y nos dijo al oído: “Tú eres muy sexy”. Me quedé muerto, no sólo por lo que nos dijo, sino también por lo que vi de fondo: un espantoso peluche gigante con forma de gallo amarillo colgado de la pared de su salón. ¡Igualito a Caponata! 

Nada más por ahora, vuelvo pronto para hablaros de los lemas lésbicos que hay sembrados por el barrio. ¡Son de traca!

Os quiero millones.

Muas por mil.

Jose Antoral. 2009

Bienvenidos a NoTeLoCrees!!Mi nombre es Jose Antoral, tengo 28 años y te invito a participar en la esta aventura. Comenta, crítica, ríe, sugiere... o escríbeme a antoral@gmail.com
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