Hace mucho que no os hablo del gimnasio, ese hospital de enfermos de elefantosis tan especial y que, por cierto, cumple cinco años y celebran una fiesta a la que no podré ir porque tengo un destino mejor (que ya os contaré…). Bueno pues en el gimnasio, además de elefantosis, pesas, máquinas para correr, espejos y monitores estúpidos, hay sauna. Y en una sauna de un gimnasio lleno de chulazos con trompa y maris, pues pueden pasar muchas cosas.
El otro día le contaba a un fiel lector de este blog, Interzona, que algunos miembros, y digo miembros, del gimnasio deben odiarme porque suelo cortarles el rollo en la sauna. Yo llego, me siento en plan buda (o eso dice el modisto de las travestis, que comparte sauna conmigo y dice que parece que voy a hacer yoga) y ahí me quedo, en el rincón sudando como una cerda. Pues hay veces que hay más personas, y se miran, remiran, se tocan, retocan, algunas cosas crecen… pero si hay alguien en plan buda en un rincón que no responde a los estímulos, pues no pueden terminar la faena y acaban marchándose. ¿Corta-rollos? Quizás… pero bueno, que hay otras saunas para eso señores…
Pues a lo que iba, y lo que da título a este post, es que hay un señor mayor muy arrugadito que siempre se mete en esa sauna con oscuras intenciones. Creo que le tenemos todos calado, porque hay veces que ni siquiere hace gimnasia (uy, esto de “gimnasia” suena tanto a Jane Fonda…), sólo va a la sauna. Es un poco triste ver como un ancianito se la intenta menear en la sauna para intentar seducirte. Por cosas así es por las que yo digo que, cuando sea viejo, quiero ser asexual… Total, que el otro día, salía yo del gimnasio, andé unos 200 metros, crucé la carretera, doblé la esquina… y ¡ZAS! El viejito meneón con su mujer de la mano. Él me miró con cara de sapo, y yo, cuando él, y ella, ya me habían sobrepasado, me sonreí con cara de malvado pícaro. Conclusión de la historia: El viejecito va al gimnasio a intentar ponerle los cuernos a su mujer con los hombretones de allí. Y fíjate que me ha dado lástima, por él y por ella. Por él porque si es gay y ha vivido toda la vida una realidad que no es la suya, pues es una pena. Y por ella, obvio, porque debe andar haciendo surcos por los techos de su casa. Y yo me pregunto, mujeres que me léeis, ¿es mas duro que tu novio/marido te ponga los cuernos con otra mujer o con un hombre? Yo es que no sé qué me molestaría más, si que mi marida se acostara con otro hombre o que le tocara el chochete a una mujer (y lo que viene después…).
Ala, os dejo con el debate, que yo me voy a hacer una paellita de sábado mientras escucho la bachata de mi vecina la sorda.
Besos mil.
Jose Antoral. 2009