Hoy es un día especial. Es la noche de Reyes y, más allá de los que crean que hoy es el día en el que culmina todo el consumismo que significa la Navidad, lo cierto es que hoy, millones de niños, y no tan niños, esconden una gran ilusión por saber qué les dejarán los Reyes Magos. Mientras escribo estas líneas, la Cabalgata de Madrid está pasando por Recoletos, a unos 200 metros de donde vivo. Podría bajar a verla, pero estoy viendo en la tele que no cabe un alma, de modo que viviré la tarde aquí, con un riquísimo roscón que he comprado especialmente para mi marida y para mí (si alguien quiere aún queda, y la sorpresa no ha salido todavía…)
Recuerdo con mucho cariño mis noches de Reyes. Fui un privilegiado, ya que no tuve que hacer colas ni pasar frío para ver la cabalgata, ya que, gracias a que mi padre trabajaba en una Academia de la Puerta del Sol, la veíamos, cada año, desde los balcones. Un lugar privilegiado y una experiencia única que cada año me hacía muy feliz. Después, ya nos íbamos a dormir… o a intentarlo, porque yo nunca pegaba ojo. Estaba nervioso, ilusionado, con ganas de que llegara la hora en la que pudiera levantarme y mirar cuántos regalos me habían dejado junto a los zapatos, comprobar si los camellos se habían bebido el agua que les dejaba en un barreño y descubrir si Baltasar, mi rey favorito, se había comido los polvorones que le había preparado. Nunca me faltó de nada. Lo que pedía lo tenía. Supongo que era el premio por ser un niño bueno, y también el resultado de un gran esfuerzo por parte de mis padres, ya que no siempre tuvieron la facilidad de poder tener lo necesario para que yo tuviera regalos. Pero los tuve, siempre los tuve.
Hoy muchos recibirán muchas cosas, y otros, por desgracia, no recibirán nada, pues las circunstancias económicas no lo permitirán. Espero que en todos los casos, cuanto menos, reciban una buena dosis de ilusión, la misma que hoy inunda las calles de Madrid.
Y por último, no puedo despedir un post escrito mientras veo la cabalgata sin criticar, absolutamente, la politización que el Partido Popular ha hecho de un evento mágico como es una cabalgata. En una de las mismas, en concreto la que ha recorrido las calles de Chamartin, autorizaron una carroza antiabortista. Esta gentuza no para de hacer oposición destructiva ni en el día de Reyes… Y, por último, y ya que nombro al aborto, habéis de saber que el Arzobispo de Granada ha dicho que si una mujer aborta, su marido tiene derecho a abusar de ella. Queridos Reyes Magos, este año quiero que os llevéis la religión de una vez por todas de nuestras vidas…
Feliz Noche de Reyes.


Mi marida se ha emperrado en contratar a una mujer para que nos planche. Se nos da mal, nos aburre y nos cansa. Hemos tenido alguna diferencia en cuanto a los detalles, pero al final he cedido y ha hecho lo que le ha salido del mondongo. Total, que hoy os vengo a presentar a un nuevo elemento en la vida de la corrala. La chica nos la ha recomendado Clemen, de hecho, limpia en su casa. Es Rumana, aunque no lo parece, muy alta y con cara de buena gente. Nos ha contado que tiene dos hijos, uno aquí y otro en su país, que ya es mayor y no quiere venir porque tiene su novia allí. Le apasiona planchar, porque la relaja, y lo hace bastante bien. Aunque lo mejor de todo, y lo que ha hecho que os hable de ella fue que cuando llegó, y se presentó dijo: “Hola, soy Iguana”. Yo, atónito, dije: “¿Ivana?”. Y ella, convencida, respondió: “No, no, IGUANA”. Quise morir. ¿Cómo puede una persona llamarse iguana? Claro, que no es de este país pero es que ese nombre es una especie de invento suyo, porque dice que la transcripción de su nombre al español sonaría algo así como Joana… pero nada, que la chica nos ha salido salvaje y prefiere llamarse Iguana. Tremendity. Veremos como evoluciona nuestra convivencia con ella. Si veo que falla y que me quema alguna ropa siempre puedo contratar a un hombre que planche… como el de la foto…


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