Mi marida se ha emperrado en contratar a una mujer para que nos planche. Se nos da mal, nos aburre y nos cansa. Hemos tenido alguna diferencia en cuanto a los detalles, pero al final he cedido y ha hecho lo que le ha salido del mondongo. Total, que hoy os vengo a presentar a un nuevo elemento en la vida de la corrala. La chica nos la ha recomendado Clemen, de hecho, limpia en su casa. Es Rumana, aunque no lo parece, muy alta y con cara de buena gente. Nos ha contado que tiene dos hijos, uno aquí y otro en su país, que ya es mayor y no quiere venir porque tiene su novia allí. Le apasiona planchar, porque la relaja, y lo hace bastante bien. Aunque lo mejor de todo, y lo que ha hecho que os hable de ella fue que cuando llegó, y se presentó dijo: “Hola, soy Iguana”. Yo, atónito, dije: “¿Ivana?”. Y ella, convencida, respondió: “No, no, IGUANA”. Quise morir. ¿Cómo puede una persona llamarse iguana? Claro, que no es de este país pero es que ese nombre es una especie de invento suyo, porque dice que la transcripción de su nombre al español sonaría algo así como Joana… pero nada, que la chica nos ha salido salvaje y prefiere llamarse Iguana. Tremendity. Veremos como evoluciona nuestra convivencia con ella. Si veo que falla y que me quema alguna ropa siempre puedo contratar a un hombre que planche… como el de la foto…
El domingo volvió a haber en la corrala sesión continua de bachata de mi vecina colombiana, a la que desde ya podemos abreviar refiriéndonos a ella como “la Sorda”. Esta vez no fuimos nosotros quienes la mandamos callar, porque, aunque era la hora de la siesta, estábamos viendo una película, y nuestra táctica fue subir el home cinema hasta no escuchar su música. Pero quien sí subió a cantarle las cuarenta fue la vecina de abajo, que la dijo: “¿¿Estás loca o qué?? ¿¿No te das cuenta que no puedo escuchar mi novela??” Maravillosa. Fue efectivo, porque no sólo quitó la música sino que, además, se fue a dar una vuelta con la niña del frenillo. Por cierto, y ya que hablamos de vecinos, he de confirmar, y confirmo, que el vecino de enfrente, ese que aún no sabemos (ni vosotros ni yo) si es hetero o homo, no es del todo guapo. Eso sí, es un aplicado del copón, porque se pasa el día con el flexo encendido estudiando. Debe estudiar algo así como arquitectura, delineante o algo similar. Un cerebrito vaya.
Por cierto, la calla Fuencarral y la Corredera Baja ya tienen las luces de Navidad puestas. ¡Ojo! Puestas, que no iluminadas, pero es una señal de que la navipeich está a la vuelta de la esquina. Y desde aquí lanzo la petición a nuestro señor alcalde, el señor Gallardas, a que, ya que todo el centro es tan peatonal este año, pues que nos ponga algún arbolito vistosos en Callao o en Montera…
Nada más por ahora chavales, que os quiero una jartá, pero eso ya lo sabéis.
Muas por mil.
Jose Antoral. 2009