Qué gran noche muchachos. Estoy de exámenes, tengo que estudiar, se supone que tengo que enclaustrarme en la biblioteca municipal a hincar codos como loco, pero anoche teníamos una cita a la que no podía faltar: El Cabarette de Supremme de Luxe, con Elvira Durango como artista invitada. Una Elvira más prota que nunca porque estrenaba su famosa bata de cola. Y nadie quiso perderse ese momentazo.
Supremme estuvo maravillosa, pero eso ya no es ninguna novedad. Divina primero con un traje de lentejuelas y divina después con un mini vestido regalado por otra grande, Psicosis Gonsales. Sí, son grandes, nada de Jurado ni Pantojas, las grandes aquí son ellas. ¡Y en parte del extranjero! Casi me caigo al suelo de la risa con Supremme, porque es una maestra absoluta de la improvisación. Sacó a una amiga mía al show, por cierto lectora de este blog, porque a la pobre se le ocurrió decir que no sabía lo que era un Glory Hole. Angelito… Supremme, solidaria como pocas, se lo quiso explicar. ¿Te imaginas un Glory Hole de lesbianas? Supremme quiso hacerlo para explicarlo, e imaginarnos la chirla de una bollera pegada cual ventosa en un glory hole nos desternilló del todo.
Y llegó Elvira, con su bata de cola (diseño y costura de otro grande, Jose López Monteiro), espléndida, estrenándola con alegría y orgullo, como un niño con juguete nuevo. Nos deleitó con un gran repertorio adecuado a su vestuario, pero, por encima de todo, nos regaló la mejor de sus sonrisas. Estaba feliz, y así los transmitió, y, sinceramente, fue un placer compartir con ella, y con tanta gente maja que rodea a estas artistas, esa desvirgación de vestuario. Geniala.
Una noche genial que me sirvió para airear un ratito la mente y poder volver a estudiar, algo que podría estar haciendo maravillosamente sino fuera porque mi vecina colombiana tiene la bachata a todo volúmen en la corrala. Sí, tengo síndrome Lidya Lozano y he fallado en mis fuentes. La colombiana no se ha ido, tan sólo lo han hecho sus maletas… y la bachata sigue ahí, a todo trapo, y yo me temo que pronto viviremos un drama, porque mi marida se está poniendo morada de aguantar y no pegarla dos ostias. De modo que podríamos decir que hoy, 30 de agosto de 2009, operación retorno de vacaciones, la corrala está al completo. Esto es como la tele, ¡¡comenzamos nueva temporada!!
Para despedirme, un anuncio. Si alguien ha perdido su dentadura, que no la siga buscando, está en un árbol de la calle Augusto Figueroa, esperando que su dueño vuelva a recogerla. Para el que necesite verificar si es la suya, adjunto fotografía. El dueño que no me de las gracias, yo soy parte espectáculo y parte servicio público.

Os dejo. Tailoviu a todos.
Jose Antoral. 2009
Ya os lo dije en mi anterior post: Clementina había vuelto de vacaciones. Y eso se tiene que notar en el día a día de la corrala. La mujer vive sola, viuda, se aburre mucho, y tiene que buscar diversión. Supremme dice de ella que si te la encuentras en el portal puedes dar por perdida la mañana, o la tarde, porque te enrolla y te enrolla a hablar… Total que si la mujer no tiene conversación, ella busca la diversión a su manera. Y luego viene y nos lo cuenta.
… Pero nosotros somos los que nos vamos a quedar. Agosto se está acabando y la corrala ya vuelve a tener movimiento. ¿Alguna vez lo perdió? En realidad no, pero bueno, que ya vamos estando todos y todas, o casi.
Alguno pensará que para farándula la que tengo en mi edificio, y no os falta razón, pero hoy os quiero contar a los famosetes que he ido viendo los últimos días, que yo sé que os resulta curioso. Antes que nada aclarar que yo no voy pidiendo autógrafos ni haciéndome fotos con la gente, pero cuando veo un famosete le observo desde el respeto y la distancia, para no invadir su intimidad y que se sienta uno más en la calle. Es que yo creo que debe ser un poco coñazo ir por la calle Fuencarral y que todo el mundo comente a tu paso: “miraaa es fulanitooo”. Total que yo miro, observo, memorizo y ahora os lo cuento.
Son las diez de la noche y ya se me ha pasado el mosqueo y la rabia, pero os juro que llevo toda la tarde con un instinto asesino de no te menees. Hasta ahora, las putas de Ballesta nunca me habían molestado. Desde hoy, las quiero aniquilar.
No puedo con mi vida never more. Sobrevivir al verano madrileño se está convirtiendo en un deporte olímpico, y tengo todas las papeletas para llevarme la medalla de oro a l supervivencia, porque mi casa es un auténtico HORNO. Esta mañana, a las 9 de la mañana, el ambiente era más o menos fresco en la calle, se estaba muy agusto, por lo que sacar a la perra ha sido muy agradable. El horror ha llegado cuando he vuelto a casa. Dado que vivo en una corrala, sólo el umbral de mi puerta me separa de la temperatura que hay en mi casa, a la que hay en la calle. Y el cambio climático ha sido bestial. ¡Qué horror! ¡Qué calenturas! ¡Hace más calor en casa que fuera! Chicuelos, estamos muy calientes en mi casa, y yo me muero totality. Esa es una de las razones por las que estoy escribiendo menos estos días, porque puedo morir de calor. La torre de mi PC está debajo de la mesa, con lo que las piernas se me cuecen del todo con el calor que desprende la maquina en cuestión. En mi casa no corre nada de brisa y el sillón es de cuero. Lo tengo cubierto con una toalla, para que sentarse en él no sea tan duro, pero aún así, anoche lo convertí en una especie de cama de agua por el sudor. Conclusión: es mejor no sentarse demasiado en el ordenador. Chicos, yo sé que estáis disfrutando mucho de los chulazos en camisetas de tirantes, de la playa, de la piscina, de tumbaros a la bartola, pero lo siento: ¡¡¡¡NECESITO EL INVIERNO YA!!!!
Amores, amoras, el domingo vivimos un drama sentimental en la corrala. Estaba yo sentado en mi salón, convenientemente situado en el sillón para que el aire del ventilador de pie me alegrara el día (es decir, espatarrado del todo), cuando empecé a oir gritos. Mi instinto fue coger la cámara de video y plantarme en la puerta, pensando que volvíamos a asistir a una discusión entre mis vecinos colombianos y la vieja cucaracha de enfrente. Pero no, los gritos venían de la casa de mis vecinos, y eran de la mujer que canta y hace conferencias a altas horas de la madrugada. A pesar del alto volúmen de su voz, no conseguía enterarme bien de qué estaba pasando, de modo que, convenientemente situado en el pasillo de mi casa, planté mi oreja en la pared. Sí, como las viejas cotillas, pero ya os he dicho que me habéis convertido en un monstruo y que no ando más que buscando la noticia para contarla después a todos vosotros. Oreja en pared, y manos en rodillas, esto fue lo que escuché:

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