Que España no iba a ganar este año el festival de Eurovisión es algo que todos sabíamos o intuíamos… pero lo que no sospechábamos es que iba a quedar tan mal.
Eran poco más de las 21 de la noche del sabado cuando nuestros representantes españoles, el cuarteto D’Nash, irrumpían con fuerza en el escenario arropados por unos tambores que el realizador no supo plasmar. La actuación fue más que correcta, no perfecta vocalmente, pero con un resultado en directo aceptable. Los chicos demostraron, cuanto menos, que saben bailar, que saben cantar, que no se ahogan por hacer las dos cosas a la vez y, sobretodo, muchísima ilusión y fuerza. Dicho esto, sólo añadir respecto a la actuación española, que, desde luego, merecían un puesto mejor que el 20.
Pero el festival… este año me ha decepcionado más que nunca. No soy un eurofan, ni un experto del tema, tan solo soy una persona que, con bastante asiduidad, ha visto el festival año tras año con ilusión. Este año mi ilusión empezó a disiparse en la semifinal, cuando algunos de mis favoritos, sobretodo Dinamarca o Suiza, se quedaron fuera de la gala final. Y no hay que justificar el fracaso de España en el politiqueo que siempre ha teñido las votaciones de Eurovisión, pero lo de este año ha sido más descarado que nunca y más abochornante que nunca. Doce de los quince primeros clasificados han sido países del este, que se han intercambiado votos dejando en ridículo a la parte “rica” de Europa. Y algunos dirán que la canción española no era buena… pero entre los primeros puestos se colaron auténticos truñazos. Considero que la reacción de D’Nash fue algo desafortunada. Quizás no supieron aceptar del todo la derrota, y sobraron sus declaraciones en directo criticando el sistema. No era el momento, pero desde luego opino como ellos. Lo más triste de todo, es que ese sistema de “vecinos” que beneficia a algunos países, ni siquiera funciona con nosotros.
Y opino como muchos que una retirada a tiempo es una victoria, y como ya hizo Italia hace unos años, quizás es el momento de decir adiós a un festival en el que la música es un pretexto para la política. Antes, al menos, Eurovisión era un acontecimiento, reunía a las familias, a los amigos… ahora, encima, obtiene una audiencia bastante vulgar. Si a eso sumamos el fracaso de audiencia que los programas relacionados con Eurovisión (el previo y el post festival, y el truño “Misión Eurovisión”), no es difícil imaginar que el festival ha dejado de ser rentable para TVE.
Y sobre la ganadora… pues que no he visto persona más bollo en mi vida, que la canción es bonita, no la entiendo pero supongo que dirá algo poético, que ha roto el mito de “hay que llevar una canción movida” y que ¡¡¡Arriba el rollo bollo!!!.
Antoral.2007 (siempre nos quedará eurojunior xD)