Querido señor alcalde
Disculpe las molestias que estas líneas puedan ocasionarle. Siento hacerle perder unos minutos de su tiempo en leerlas, pero es momento de compartir juntos el balance de su llegada al poder.
Hace unos días, pedía a los madrileños que abriéramos los ojos para observar el nuevo Madrid. Hagámoslo juntos. Usted, señor alcalde, se propuso cambiar Madrid. Tiene usted el honor de ser el primer político que cumple su promesa electoral. Desde luego que lo ha cambiado… ¡y de qué manera!. ¿Qué pasaría si nunca cambiase nada?.
Pues pasaría, señor alcalde, por poner algún ejemplo, que aún podríamos aparcar tranquilos en algunos de nuestro barrios obreros. Nos ha regalado usted unos cuantos parquímetros y muchos quebraderos de cabeza. Allá donde no se necesitaban, los tuvimos. Soy un afortunado, señor alcalde. En este tiempo tan solo he acumulado 2 multas, de 90 euros cada una. No he pagado ninguna, las he reclamado, y he ganado. He perdido tiempo, mucho, en reclamar, y en buscar un sitio dónde la línea azul o verde no mermara mi bolsillo. Ha cambiado Madrid, señor alcalde… pero este cambio… no ha estado bien.
También pasaría que días como hoy, o como ayer, en el que caen cuatro gotas de más, quizás podríamos circular con algo más de normalidad. Ay señor alcalde, se empeñó usted en transformar la M30, y ahora el río Manzanares, inexistente en su cauce original, sustituído por tuneladoras, pasa por los túneles que usted inaugura con más gracia que acierto. También he perdido mucho tiempo, señor alcalde. En estos cuatro años, mis trayectos se han convertido en infiernos, porque usted se empeñó en transformar Madrid, todo de un golpe, colapsando cualquier vía de acceso a la ciudad. Mi tiempo es oro, señor alcalde, y gracias a usted, mis minutos se han convertido en horas, y esas horas en rabia. Y este cambio, tampoco ha estado ha estado bien. Donde antes había atascos, ahora sigue habiéndolos, y dónde antes no los había, ahora hay goteras. Ya nos enseñaron los medios y los modos con los que la M30 se ha convertido en lo que va siendo hoy en día: obreros de sol a sol, sin protección, sin casco, sin gafas… sin seguridad… con prisas… y eso… no ha estado bien.
Se ha hartado de inaugurar nuevas estaciones del “mejor transporte público del mundo” junto a su compañera, y no por ello amiga, Espe. No nos engañemos señor alcalde. El metro de Madrid es de todo… menos seguro, fiable, puntual, cómodo… y por supuesto, dista mucho de ser el mejor.
Por cierto que entre nuevos túneles y nuevas estaciones, Madrid ha estado cortado por arriba y por abajo, y los madrileños hemos sufrido más que nunca a la hora de llegar a nuestros trabajos. Hemos perdido mucho tiempo. El tiempo es oro, señor alcalde, y perderlo no está bien.
En definitiva señor alcalde, creo que su gran logro estos cuatro años ha sido cambiar Madrid, y a sus madrileños. Pero el cambio no ha sido bueno, y cada vez son más los madrileños que odian Madrid, que se enfadan, se agobian, se ahogan… que quiere irse de aquí. Y eso no está bien.
Han sido muchas molestias, señor alcalde… demasiadas como para olvidarlas y disculparlas.
Disculpe usted si no le doy un premio de agradecimiento.
Señor alcalde, no lo merece.